viernes, 6 de mayo de 2011.
El dolor aporta cirugía a cada palabra

camuflada en las arterias, sin pensar, sin ser inerte

La precisión de los recuerdos nos hace levantarnos

y volver sin seguir vivo, y seguir amando, a pesar

del cielo que quiso detener el busca y captura

de tus manos, eternas en un mundo de medios

silencios, medias verdades, medio corazón sin piel

Las rodillas seguirán flexionadas

El apetito sin frenos, la mirada gacha y desdoblada

Cuerpo a tierra, dijo algún militar temeroso

Tierra que castiga meses de desobediencia severa

Boca a tierra, pecho a tierra, alma a tierra y ser

un violinista sin cuerda en el metro más grande del mundo

Y oye, que te echo de menos. Pero no se lo digas a nadie. Ahora voy a poner a secar las maderas de mis cimientos. Y dejaré que el sol me lleve y la corriente me arrastre hacia donde otra vez tu imagen me martillee las pupilas. Dilatadas a causa de un legado de escombros. Ahora seguiré ignorando que ya no hay espacio para el pasado en esta jaula de materia y celos. Ahora sólo soy otro puto folio en blanco, ¿no me ves? Y ni el mejor de los poemas será comparable a tu sonrisa.

No me escribas. Recíclame.
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domingo, 17 de abril de 2011.
Desempolvo los piratas del fondo del armario. Junto a ellos también estaba guardado el sol. Alguna pelea que otra. También la libertad. El miedo, y la ilusión. Desempolvé los helados y las risas, el agua de mar. Ya me había olvidado de las estrellas fugaces y de ignorar la hora, el sitio, la posición exacta de tus labios, los relojes. No sabía ya disfrutar sin el temblar de un corazón inquieto. Aún no dormía en tus brazos, pero el vaivén de la marea sustituía torpe aunque fielmente cada caricia.

No recordaba cómo seguir luchando. Me robaron la espada y con ella la furia. La dignidad. El ruido me subyugó, perdonen por no callarlo con cada verso, perdonen por no gritar. Me pintaron en negro. A veces, ciertas noches, veo la luz y mis dedos se convierten en garras, mi lengua se hace pluma. Se fueron los días largos y con ellos todo empezó de nuevo. Tuve que volver a ascender ante vuestras miradas impasibles, tuve que tener en mente quién soy, quién fui, quién seré y quién quiero ser, quién quieren que sea, quién les mostraré y quién ocultaré (entre las alas). Dejé de creer en mí y ese fue mi mayor error: la fe no mueve montañas, pero mueve mis puños y mi palabra.

Desempolvo los piratas y vuelven a nacer las tardes brillantes de sudor y viento. El calor nunca empañó esa fantástica sensación de correspondencia. Unos cuantos poetas infelices me hicieron separarme de mis auténticas raíces. Pero nunca las perdí. Ahí están, junto a la brisa marina, los reencuentros, los abrazos, el tequila, los besos, las conversaciones entre fogones y platos, los roces (in)deseados, los papeles mojados, la fluidez. Pero aún siguen conmigo el alcohol y la magia. Tengo dos manos que nunca se cansarán de explorarte, un corazón que te llama cada noche, que ha aprendido a amar sin que duela, una mente que sigue buscando su propio sitio en un mundo de heridas y luces. Desempolvo mis piratas, me los pongo y salgo a dominar a la ciudad. Y el sol ha vuelto a salir, y la luna está preciosa esta noche, y el cielo es nuestro, porque te lo prometí.
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lunes, 28 de marzo de 2011.
Volverás, y entonces te escupiré las mañanas y las noches, la rabia y el lamento, y las risas.

Siempre alardeabas de esa falsa seguridad que te dieron cuatro bragas mal caídas. Siempre inestable, subiendo y bajando, capeando las disculpas, esquivando el llanto. El metódico marcar de las horas era tu canción preferida, siempre esperando, siempre aguardando alguna garra que te librara de la insidiosa compañía. Demasiado mediocre para ti, insultantemente servicial. La sonrisa perfecta para no crear un conflicto, el silencio adecuado, la palabra precisa para que simplemente, la conversación siguiera fluyendo hacia límites que tú ya sabías manejar. Y así pasaban tus noches, entre recuerdos de un pasado perfecto y la rutina sangrante de días que, ¿por qué no? Siempre ha sido más fácil callarse, aportar lo estrictamente necesario, y con un ojo en la ventana esperar la llegada que aquella que le pondría el traje a medida al bohemio más imbécil del mundo.

Empezaste con aquellas putas que consideraron que tus versos tal vez no eran suficientes. Qué desfachatez, ¿verdad? Eras demasiado grande como para volver a la tierra, no podías soportar que tal vez alguien rechazara tu proyecto de un cielo perfecto en las formas, pero vacío de contenidos. Sin pensar en que ellas también tenían derecho a decidir el guión de su vida, sin pensar en que a lo mejor tu trono aplastaba demasiadas pretensiones de una relación sin malas caras. Quitadas de enmedio, sólo quedaba la mediocridad. Pero no podías argumentar rancios sentimientos, tenías que utilizar el sexto sentido, el guante blanco, la astucia. Y poco a poco empezaste a analizar, a calcular cuáles serían los pasos adecuados, a buscar cualquier rendija en nuestro servicio incondicional. Y mientras, los días empezaban a ser innecesarios para mantener a las noches. Tiraste de libreta y falacias y usaste con habilidad un dolor provocado como justificación. Una vez más, los sentimientos servían de excusa para ocultar el egoísmo camaleónico. Quien te puso el traje accedió de buena gana a cepillártelo. Un mero gesto sirvió para deshacerse de lo ya innecesario para sobrevivir. Con la condescendencia de quien rompe pero no mata, con la magnanimidad de quien se cree alguien.

Sin embargo, olvidaste que la sangre no se va, ni las lágrimas tampoco. Olvidaste como el rey que olvida que sus súbditos sueñan con la revolución entre jornada y jornada. Te levantarás satisfecho y libre. Por fin tienes lo que necesitas, por fin el cielo te ha coronado y gobiernas con su autoridad, ya no tienes que engañar suplicando atención. Quizá algún sms, quizá sus labios te oculten. Quizá tu mente se embote con la televisión, quizá las sábanas te sirvan para lavarte las manos. Tu conciencia seguirá recordándote golpe a golpe las negras razones que impiden que tu nuevo cuento se desmorone ante una sola de nuestras súplicas. Y amarás, y reirás, gritarás, olvidarás. Claro que olvidarás. Y te creerás poeta cuando tus pensamientos son prefabricados y maleables.

Pero volverás. Y juro que entonces no habrá más palabras. Sólo acciones.

Volverás con cinco bragas mal caídas y la terrible certeza de que no eres nadie.
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jueves, 10 de marzo de 2011.
Me llamas loco por esa extraña manía de cortar el hilo de los pensamientos, de revolverme y no dejar que la pasión se estabilice, que se pose en tus pestañas. Que no me entiendes, dices. Que cuando me conociste estaba envuelto en cadenas, en recuerdos. Pero la física no entiende de miradas y la metafísica está flotando en el techo de esta habitación, esperando a que nos vistamos de nuevo. Y, sonriendo, ocultemos a la gente que en realidad somos de alguna especie extraterrestre cuya forma de comunicarse es leyéndose la mente mutuamente y jugando a interpretar el ángulo del aire al ser cortado por el vaivén de las caderas, cuya extraña tradición es volar cada fin de semana, cuyo mundo está mucho mucho más allá de la estrella polar, de corazones, de atardeceres, de rosas.

Otra vez el sábado se vistió con ese vestido blanco, tan etéreo como traslúcido. Apagamos todas las luces, acallamos todas las voces, mis fantasmas aterrizaron. Cómo seguir el ritmo si a veces temo fundirme contigo y desaparecer entre los acordes de una canción sin aliento. Comienzo a crear estímulos retroalimentados por la curva de tus labios. Pareces tener las caricias calculadas, claro, si las palabras vacías nos miran con asco desde la ventana. Sabes que cualquier vaivén podría romper el espacio-tiempo de nuestra conexión y me besas con soltura, tocas las teclas precisas para hacer una melodía y no un conjunto de sonidos acompasados. La perfección no es inexplicable, es sólo que nos falta visión de conjunto. Te toco con suavidad y a veces con desesperación, miedoso de romperte, de que te escapes de entre mis dedos. Te abrazo y no alcanzo a proteger cada centímetro de ti, y a ver quién tiene cojones de cortar tus alas, a cerrarte los ojos, a domar tu pelo. Intento imitar sin éxito la coreografía y mis pasos son torpes, será por falta de práctica, será por falta de talento.

Y, lentamente, asciendes. Y lo que no comprendía, ahora lo entiendo. Y lo que parecía difícil, ahora es simple cuestión de aprovechar la oportunidades. Y el tiempo se para y el amor no existe, pero oye, yo no te puedo dejar de mirar. Y cómo quieres que no lo haga, si tengo miedo de que te vayas cuando te de la espalda...
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Suave y en silencio, enmarcada en el cielo, velando por mi sonrisa

domingo, 13 de febrero de 2011.
Encontré el significado bajo el colchón
de tu apertura de piernas, tu desnudez
de los cantos de sirena, del gruñido de las hienas
Encontré el valor de tocarte sin volverme loco
la verdad emponzoñada, la saliva derramada
el polvo, maldito, de aquellos héroes sin sombra
sin luz tenue bañando el gemido
Escalar poco a poco
bendita ladera cargada de malos diciembres
encajar el placer en estos cajones viejos
raídos, sedientos, ávidos de alguna fragancia
cuarenta y cinco grados a la derecha, eleve
el pómulo, plastifique las caderas, contágieme
convirtamos el comportamiento en acción
en hecho verificable
haremos fuego y quemará las facturas archivadas
(todos aquellos besos que se perdieron,
todos aquellos veranos, coreografías sin aliento)

Integremos el estímulo
tu piel intermitente y mis ansias
se encargarán de la respuesta
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domingo, 23 de enero de 2011.
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jueves, 20 de enero de 2011.
Cada vez más sordo, cada vez más loco

tampoco estoy roto pero por poco


Sólo me quedan unos versos húmedos
y un baile de máscaras dentro de mi pecho
Otras caras, otro cuello
y los tejados
ya me aburrí de saltarlos
y tus intentos se me antojan gastados
y tu sonrisa
demasiado pura para ser mía
demasiado irreal para ser cierto
El ron huyó de las botellas
las risas se ahogaron por la marea
el dolor es ajeno, impropio
irregular y certero
Supongo que siempre nos quedarán los veranos
el olvido, los disfraces, las canciones
el ritmo de tus pasos, la perfección
escondida entre la rutina de tus labios
Supongo que siempre podremos huir
porque las mentiras saben mejor en tu cuarto
iluminado sin arder y con olor a desengaño
a polvo rápido mirándote a los ojos
He de creer que siempre estás ahí
Sencilla y eterna, sin otras intenciones que ser
el viento
que alejó el temor a no ser nada
ni nadie, porque tú eres yo,
somos, no son
más que caretas en el trastero de la conciencia
Pero sé que estas sábanas te esperan
impacientes
y sabes que no hay Enero suficiente
y nos sobran demasiados otoños
y nos falta el valor para no hacer preguntas

Elévame. Búscame, olvídame, ignórame, tira de mí. Sácame de aquí, llévame, escóndeme. Donde no puedan verme. Donde sólo tú me veas. Pero hazlo ya.
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