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Con mi lengua en tu espalda escribí un soneto raro

martes, 4 de mayo de 2010.
Podría haber asaltado tu corazón con el suave tacto de la literatura.

Podría haber establecido, una vez más, palabras como cuerdas

y en un mísero instante,

plantar en tu pecho la semilla de un romance inconformista.

Podría haber enloquecido tu raciocinio con la soltura de mi verso.

Pero, sin embargo,

preferí dejar libres los sintagmas

y olvidar por un segundo esa rigidez de quien busca la belleza.

Preferí alzar la voz por encima del murmullo encorsetado,

y que las sílabas fluyeran lentamente

formando cielos de realidad ensangrentada.


Javi
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jueves, 29 de abril de 2010.
Él era cielo sin estrellas, firme, seguro, inabarcable.
Era un corazón dominador y titubeante, silencioso y transmisor.
Era unas manos curiosas y un pecho donde poder aterrizar sin miedo al mañana.
Era sangre de añoranza y puños de acero, un constante buscador de la primavera entre sus ojos.

Ella era la reina intangible de los amaneceres.
Era inconclusa, suave en sus gestos y en justa medida sus confesiones.
Era una caricia de cristal y tres sonrisas, era una pluma que suplica no caer al vacío.
Era palabras gélidas y un sol que bañaba sin quemar el deseo oculto de sus entrañas.

Y sin embargo, se amaron,

y cuando lo liviano y frágil dejó paso a la más eterna de las oscuridades

ambos encontraron en cada mirada

la más hermosa de las palabras tatuada a fuego en el dorso de la piel.
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sábado, 17 de abril de 2010.
Revolución.



Como la ola que el mar es incapaz de dominar.



Como besos improvisados de un amor a cuentagotas.





Entré a aquel ascensor con una única certeza en un mundo de dudas: Tendría que enfrentarme a mi imagen, desafiante, en el espejo que tiempo atrás maldijo mis eternas ganas de volar.

Pisé con cuidado y la estructura chirrió en su conjunto. Me posé sobre el suelo del ascensor, aparentemente seguro pero alzado sobre metros de vacío. Alcé la cabeza y contemplé con serenidad mi reflejo en el espejo.

"¿Preparado para encontrar la felicidad?"

"Por supuesto", murmuré, mientras le di la espalda a aquella inquisitoria parte de mi ser.

Pulsé el botón.


Como una zarpa que en un instante desprende máscaras hechas de miedo.


Como la luna que alarga su presencia en el firmamento con el rocío del alba.



Revolución.



Se abrió la puerta y, antes de dirigirme hacia el precipicio, cogí a mi reflejo por el cuello de esa rancia camisa negra y la incorporé dentro de mi pecho.

-Necesitamos estar juntos en esto.



¿Ya no llueve? Espera, parece que está cogiendo carrera...
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sábado, 10 de abril de 2010.
No quiero escribir.



No, no quiero. Déjame abandonar esa suntuosidad disfrazada de perfección.




Hoy sólo quiero decirte lo que te echo de menos.




Sin versos, sin estrofas. Sin giros semánticos. Sólo una mirada, una caricia, un abrazo.




Lee en mis ojos. ¿No los escuchas? Te tocan suavemente con cada beso.




Hoy no quiero seguir con mi estrategia. ¿Para qué? Todo acaba por carecer de sentido.




Al final todo desemboca en mi necesidad imperiosa de verte, de sentirte, de estar contigo.




Ya no quiero contenerme en cada sílaba. Necesito golpearte con ellas,




y hacerte ver




que mi rosa también es capaz de pinchar con su espinoso tallo.




Necesito que cada sintagma se clave en tí hasta llegar al más recóndito de tus deseos.






Hoy perderé, pero si pierdo, que la fría superficie del suelo me sirva de resorte para ganar.









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jueves, 18 de marzo de 2010.
Escondámonos de ese puto viento
que cruel arrebata nuestro ropaje;
quietos, callados, muriendo.
Sin siquiera rozar el oleaje.

Tu serás amapola ya marchita
sin levantar sospechas infundadas;
yo seré, mi niña, vida
oculta en las esquinas de mi traje.

Crisálida de flores perfumadas.
Mariposas sin vendaje.


No, no he aguantado la tentación, no hace falta que lo recordéis.
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martes, 9 de marzo de 2010.
-Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: "Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa".
El alumno escribe lo que se le dicta.
-Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.
El alumno, después de meditar, escribe: "Lo que pasa en la calle".
-No está mal.
Después de terminar mi último relato, que considero una compilación de toda mi creación literaria estos últimos meses, he decidido dar carpetazo a esta etapa.
Disfruto mucho escribiendo, eso es un hecho. El problema es que empezaba a tomar el hecho de escribir como un fin y no como un medio. Muchos podréis considerar que debe ser así, pero para mí no lo es. Debido a esto, la calidad de mi prosa había bajado considerablemente y, para que el escribir no se convierta para mí en un continuo reciclado de los mismos recursos retóricos, he decidido esperar a que una verdadera musa me venga a visitar, en vez de putillas baratas de burdel.
Puede que vuelva a escribir dentro de una semana, dos, tres meses o cuatro años. Suena a tópico, pero no lo sé. Tal vez no pueda resistir la tentación de la pluma o tal vez a partir de ahora mi literatura no cree la suficiente belleza como para ser compartida. Lo único que sé es que volveré a escribir.
Hasta entonces...
Vivamus, mea Lesbia, atque amemus
Rumoresque senum severiorum
Omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.
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lunes, 1 de marzo de 2010.
Te bastaba medio instante para aferrarte a mí en un súbito abrazo. Susurrabas que la inminente llegada de Septiembre te aterraba y te hacía llorar. Te rodeé con mis brazos y te prometí que ninguna tormenta nos podría desviar de nuestro destino.

Ahora una leve brisa intenta imitar sin éxito a aquel vendaval.
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